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La agilidad se vive, no se impone

 

“Todo se mueve, La tierra se mueve

Las piernas se mueven, el agua se mueve

El tiempo se mueve, la sangre se mueve

Cuando yo recito tu te mueves

Todo se mueve, La Tierra se mueve” (Todo se mueve, Calle 13)

 

 

Shuhari, palabra de origen japonés, cuya traducción aproximada es “primero aprender, después desprenderse y finalmente trascender“, describe el proceso de los aprendizajes, desde el punto de vista de la evolución en el conocimiento.

Es muy relevante, porque explica de forma simple pero elegante, las etapas de la madurez en el conocimiento de un concepto, método o práctica. En el contexto empresarial es muy aplicable, ya que simplifica las explicaciones sobre las fallas en la implementación de una práctica, filosofía de trabajo o nuevos procesos.

No debemos autoengañarnos por la simplicidad del agilismo, sus conceptos, son atractivos, refinados, valiosos y seductores. Pero por ello no dejan de ser complejos, avanzados, exigentes y demandan un estado mental de colaboración continuo, una dirección compartida e impulsada por sus participantes y quienes lo patrocinan.

No existe panacea. No existe receta mágica. Sólo hay prácticas (muy bien documentadas) que han funcionado muy bien en muchos casos. Su implementación va mucho más de los eventos, artefactos o reglas. No se puede confundir agilidad con ser rápido, o que usar historias de usuario te hace ágil, o que disponer de equipos auto organizados nos hace ágiles, porque no es cierto.

Agilidad es entrega de valor continuo, de forma adaptable, transparente mediante inspecciones útiles. Agilidad es un modelo de competitividad empresarial. Agilidad no es entregar productos “rápidamente”. Agilidad no significa administrar proyectos “sin cronograma”. Una organización ágil es aquella que se alinea de tal forma de entregar por medio de iteraciones cortas productos y servicios de alto valor, con la calidad necesaria, usables y validados.

¿De que serviría ser rápido y que no te compren el producto o servicio?, ¿De qué sirve intentar “armar” equipos ágiles sin una arquitectura que soporte los cambios tecnológicos?, ¿De qué sirve pensar en un estado superior de desempeño si no se racionaliza el actual?

Más allá de los artefactos, roles, eventos es necesario tener presente 03 valores críticos en el agilismo empresarial: la adaptabilidad, la transparencia y la inspección. Cada uno de ellos apunta a algo esencial en el éxito de las organizaciones: la adaptabilidad es el valor que está detrás del foco y el sentido de la empresa, su misión y su visión. Sin foco, no importan los recursos disponibles ya que la “muda” (el desperdicio) se los traga, los desaparece.

Detrás de la transparencia, está implícito el concepto de fábrica oculta, que son todas aquellas desviaciones que disminuyen la capacidad de una empresa como consecuencia del derroche de los recursos de la empresa (el desperdicio) y las asimetrías de información.

La inspección o capacidad de inspeccionar estará vinculado a la madurez organizacional. Parafraseando al sabio Dr. Deming, sólo lo que se mide se puede controlar (en el contexto de control que él mismo muy bien explica).

Hay pocas cosas en la que estoy seguro sobre la agilidad. Pero en lo que sí creo firmemente es que, si Ud. y su organización desean avanzar esa ruta o camino, necesitará dos áreas como aliadas que son determinantes en su éxito: Capital Humano y Finanzas. Siempre tenga presente algo agilidad pivota sobre el valor, y éste tiene dos dimensiones: el financiero y el emocional (componente psicológico del individuo).

Ulises Gonzalez –
Desarrollo de Productos y Gestión proyectos – Transformación organizacional

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